UN PERFUME BARATO Y DULZÓN
Buenos Aires es una ciudad de cultura exuberante, de crímenes insospechados, absurdos y pocas veces resueltos. La noche húmeda y cerrada bajaba lenta acurrucando las almas y haciendo sospechosas las sombras de las esquinas. Los pasos sonaban en el empedrado como chasquidos con ecos difusos. Cuando el inspector Mendez llegó a la escena del crimen los técnicos y los fotógrafos de la Policía ya estaban trabajando tomando medidas y huellas en un torbellino febril pero ordenado.
Probablemente la rutina hizo que nadie le prestara atención pero era mejor así, de esa manera él investigaba con tranquilidad sin hablar con nadie que interrumpiera sus acostumbradas y claras deducciones. El “monstruo” Mendez, como lo llamaban todos, era uno de los mejores inspectores de la Policía aunque su aspecto desmentía esa virtud. El sobretodo demasiado amplio y abierto enmarcaba una figura regordeta de poca altura. La espalda, levemente encorvada, remataba en una cabeza demasiado grande para su cuerpo sin gracia. La camisa desaliñada y una corbata impresentable ayudaban a esconder la personalidad implacable de Mendez. Nunca se sabrá por qué le decían “monstruo”, si por su habilidad para resolver crímenes o por su cara de boxeador con una lacónica expresión de gorila bueno.
La habitación pequeña correspondía a un hotel modesto perdido en el barrio de San Telmo, desagradable por donde se la mirara, ni siquiera presentaba una imagen de limpieza reciente. El cuerpo desnudo de un hombre cincuentón yacía en la cama boca abajo con la cabeza medio hundida entre las sábanas brillosas por el uso. Un charco de sangre se apreciaba en la parte delantera del cuello, había sido degollado. No quiso darlo vuelta para no entorpecer la tarea de los fotógrafos, ya habría tiempo para la identificación pero por la consistencia y el color de la sangre dedujo que el crimen había ocurrido un par de horas atrás. Buscó sin suerte un cigarrillo que lo hiciera pensar pero se distrajo un rato mirando la noche por el vidrio sucio de la ventana. Una luz de neón parpadeaba inventando fantasmas en la pared de la habitación. Su visión experta recorrió con lentitud el sórdido cuarto deteniéndose en cada pequeño detalle. Buscó signos de violencia pero no encontró ninguna silla rota, ni tampoco sábanas revueltas o sangre en los pisos y en el baño lo que lo llevó a pensar que la víctima había sido sorprendida por alguien de su confianza, alguien a quien le había dado su espalda. Descartó casi inmediatamente una relación homosexual, en ese hotel no se manejaban con ese tipo de clientes, por lo tanto se trataba de una asesina.
Sin tocar nada revisó detenidamente las ropas de la víctima, estaban prolijamente acomodadas en una silla. Eso hablaba de una persona ordenada que había llevado a su amante al hotel y había tenido tiempo de desvestirse sin apuro con una pasión controlada. No eran prendas de calidad sino todo lo contrario, se trataba de un hombre pobre, posiblemente un empleado de poca categoría. Sobre la mesa de luz descansaba una billetera sin documentos personales y con muy poco dinero de manera tal que el móvil no pudo haber sido el robo. Tampoco la pasión, nada hacía pensar que allí se había producido una pelea entre amantes enloquecidos. Trató de hallar el arma homicida sin suerte. Tal vez la asesina hubiera planeado el crimen guardado el arma y salido tranquilamente del hotel sin despertar sospechas. Probablemente se trataba de una enferma, como una asesina serial o algo así.
Casi instintivamente se acercó a la cama y se inclinó sobre las almohadas olfateándolas profundamente. Un perfume barato y dulzón lo envolvió y el archivo inefable de su memoria se puso en funcionamiento. Entonces no tuvo dudas…¡Cómo conocía esos aromas!…Era el perfume típico de las prostitutas, único y deforme acercamiento, para el “monstruo” Mendez, hacia algo que se parecía al amor. En esa vida plagada de desencantos y espantosas escenas criminales no había tenido tiempo para el amor aunque él sabía muy bien que no era cuestión de tiempo. Toda la facilidad que poseía para resolver crímenes difíciles le faltaba para entablar relaciones sanas con las mujeres que se le acercaban. Esa carga lo había llevado a contactarse con coperas y meretrices que suplantaron sus carencias con un afecto pagado con horas extras y coimas. Los ambientes sórdidos de la prostitución no le eran extraños, como a ningún policía y le permitían despojarse de la amargura y la desazón de su vida gris y miserable.
Y ahora esos aromas que conocía tan bien se le presentaban en la escena del crimen como la entrada a un gran laberinto misterioso y sensual. Pudo observar en el hundimiento de la almohada un fino cabello rubio, largo y sinuoso. No correspondía a la víctima, seguramente era de la autora del crimen. No estaba teñido, era rubio natural. La asesina pudo haber sido una prostituta rubia. En un solo instante los detalles antes ínfimos fueron encajando en forma perfecta como las piezas de un rompecabezas siniestro. Este caso le recordó a otro de características similares: el tipo de hotel, el hombre desnudo y degollado, y ese perfume… Ese perfume barato y dulzón junto con el cabello rubio le trajeron la imagen inquietante de Olga. Aquella prostituta ucraniana, blanca, rubia y bella había sido el objeto de las sospechas del inspector Mendez a causa del crimen anterior. La había estado buscado por el barrio del Once para interrogarla aunque si se daba la ocasión antes intentaría poseer esa piel de porcelana blanca que envolvía un cuerpo generoso. El “monstruo” siempre la había deseado. Olga poseía un encanto distinto que iba más allá de lo profesional pero su fama era tan elevada como su tarifa y Mendez, un pobre inspector, nunca llegaba a la cantidad de horas extras necesaria para requerir sus servicios. Por un momento volvió a distraerse mirando a través del vidrio sucio de la ventana e imaginando la sonrisa de Olga que lo alejaba del infierno de los crímenes y lo acercaba al paraíso del amor, cálido y reconfortante como un tazón de caldo en una noche fría de invierno…
Entonces recordó que Olga era zurda, y un zurdo que degüella realiza un corte de derecha a izquierda casi siempre ascendente. Sólo tenía que esperar que terminen los fotógrafos, dar vuelta el cadáver y fijarse cómo era el corte en el cuello para confirmar la telaraña de sospechas y teorías que inundaban sus locos pensamientos de viejo policía… Se resistió un poco a la posibilidad de encontrar a Olga como culpable, no le gustaba la idea de encerrar a la única mujer que lo había hecho pensar en algo más que en una noche de sexo caro. Su raciocinio profesional lo alejaba del afecto no correspondido y luchaba denodadamente contra su corazón. Se sintió un fantasma ausente dentro del torbellino policial.
Con su voz desagradable y chillona irrumpió en la habitación el inspector Farías. Mendez no lo podía creer, Farías era un impertinente que solía entrometerse en sus casos más importantes entorpeciendo las investigaciones. La envidia lo había transformado en un perseguidor de Mendez y un arruinador profesional de toda pista que pudiera resolver un crimen. Al parecer una vez más iba a tener que soportarlo y tratar de impedirle que toque el cadáver. Pero le ganó el atropello de Farías quien sin saludar a nadie se avalanzó sobre el cuerpo y lo dió vuelta.
- Qué lástima… – dijo Farías- es el “monstruo” Mendez, un buen policía, aunque un poco putañero…
FIN

15 comments
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Septiembre 24, 2007 a 4:13 pm
juanchaves1
Me gustan los cuentos policiales, aunque reconozco que me es difícil escribirlos. Espero haberlos intrigado aunque sea un poquito.
Septiembre 24, 2007 a 5:00 pm
sentires
¡Bravo! Objetivo logrado, jamás sabremos si Olga lo mató…pero ese final pobre Mendez ¿era un mostruo? no sé pero sí un fantasma, veo.
Muy bueno Juan, otro.
(Ah no…cierto que te resulta difícil el género)
Octubre 10, 2007 a 4:21 am
ADRI
Perdón por meterme sin invitación, (y es la segunda vez que me disculpo con vos esta noche, no se si la anterior haya quedado registrada). Aunque suelo entrar es la primera vez que me hago notar.
Si es que te interesa saberlo, me gustò mucho tu cuento, parecerìa que hubieras viajado en el tiempo para poderlo contar asi
Octubre 10, 2007 a 4:30 am
ADRI
No se por que este comentario salió aca cuando lo quería hacer para otro cuento, FANTASMAS DEL CONTINENTAL.
Octubre 10, 2007 a 4:45 am
ADRI
Y hablando de fantasmas… qué buen final! insospechado. Muy bueno y ya somos dos la que te pedimos O TRO O TRO!!
Octubre 10, 2007 a 2:33 pm
juanchaves1
No creo que te hayas metido sin invitación, primero porque este es un espacio donde se puede entrar sin pedir permiso y segundo porque los dos sabemos que la culpable es tu hermanita. Gracias por venir.
Octubre 10, 2007 a 2:37 pm
juanchaves1
Gracias otra vez Adri, mira que yo, como todo petiso, me agrando enseguida.
Octubre 11, 2007 a 12:27 am
ADRI
No niego que mi hermanita haya tenido la culpa de mi visita por tu blog, pero te aseguro Juan que si hibiese sido pérdida de tiempo, ni me gasto en comentarios. Ahora… si te queres agrandar hacelo, pero tene en cuenta que mi opinión no es calificada, sólo se distinguir lo que me llega de lo que no; asi que no pares hasta otro merecido premio.
Octubre 12, 2007 a 3:23 am
juanchaves1
Adri, tu opinión es tan calificada como cualquier otra, en lo que a trabajos artísticos se refiere, las opiniones siempre serán subjetivas, más o menos técnicas, pero subjetivas y tienen que ver con la interioridad de las personas. Las opiniones, me parece, se forman con nuestras propias experiencias en el campo de los afectos, los sentires, los miedos, las inseguridades y todo lo que nos pasa en nuestro interior. Ahí dentro nuestras opiniones luchan con los prejuicios, con las creencias y también con nuestra propia ignorancia. Pero para el que escribe o realiza alguna tarea relacionada con la exresión, la opinión de los demás siempre nos ubica, nos hace ver el otro ángulo de nuestra obra, por eso yo te lo agradezco, además por lo poco que nos conocemos puedo leer tu opinión con cierta objetividad. Los premios solo sirven, en la mayoría de los casos, para ponernos un día elegantes e ir a tomar algo con los amigos que tienen que concurrir a la entrega….
Octubre 15, 2007 a 3:51 am
ADRI
Bueno… no le quites valor. No me dirás que al igual que los comentarios, buenos o no tanto, que te premien por tu labor es como que te da alas.
¿Me equivoco?
Octubre 17, 2007 a 3:38 am
juanchaves1
No, no te equivocás… saber que alguien nos lee o nos escucha o nos valora nos da alas. Es gratificante saber que lo nuestro le llega a alguien. En cuanto a los premios trato de no creérmela mucho, porque he visto ganar premios a gente sin talento mientras que otros, mucho mejores, no son reconocidos. Esto que vos hacés de comunicarte conmigo es importante para mi porque me da la pauta que lo que escribo le interesa a alguien. Además sos muy cálida en tus palabras, se nota que te sentís cómoda escribiendo… A propósito: ¿Vos escribís?
Octubre 20, 2007 a 2:49 pm
ADRI
No me creo con talento para hacerlo, y cuando me pongo a leer lo que a otros se les ocurre… digo… ¡¡GUAU, QUÉ GROSO! a mi no se me hubiera ocurrido. Asi soy yo. Me gusta recorrer las vidrieras pero jamas me pondria del otro lado.
¡COBARDE! diria mi hermana.
Y lo que decis de no creertela esta bueno, cuando lo recibis, para no hincharte como poroto en agua (como buen petizo) jaja.
Y cuando no, para no darle tanta importancia, no desmoralizarte y bajar los brazos.
Bueno al fin y al cabo si sos escritor es porque te gratifica el hecho de poder expresarte, el poder armar una historia coherentemente no es tan facil como creen los que estan en esto, eso ya deberia ser por si solo un premio, porque es un don que (por suerte) no lo tenemos todos.
Octubre 20, 2007 a 2:57 pm
ADRI
Si me corregis las faltas de ortografia no me ofendo. por favor ESTO BORRALO.
Octubre 23, 2007 a 2:43 am
juanchaves1
No creo que tu hermana te diga cobarde, tal vez si te diría tímida y yo sin conocerte mucho, tambien me atrevería a decirte tímida, es lo que traslucen tus palabras. A mi tambien me pasa que cuando me pongo a leer lo de otros digo qué groso, pero el escribir es una necesidad, una gran necesidad de expresarme, como tambien lo es el dibujo.Eso creo que lo tienen todos, cada cual tiene que buscar la forma de expresarse, puede ser haciendo una comida, actuando, cantando o serruchando madera o haciendo alguna artesanía,no se… ¿Cuál es tu forma de expresarte?
Octubre 23, 2007 a 2:53 am
juanchaves1
No creo que tu hermana te diga cobarde, tal vez si te diría tímida y yo sin conocerte mucho, tambien me atrevería a decirte tímida, es lo que traslucen tus palabras. A mi tambien me pasa que cuando me pongo a leer lo de otros digo qué groso, pero el escribir es una necesidad, una gran necesidad de expresarme, como tambien lo es el dibujo.Eso creo que lo tienen todos, cada cual tiene que buscar la forma de expresarse, puede ser haciendo una comida, actuando, cantando o serruchando madera o haciendo alguna artesanía,no se… ¿Cuál es tu forma de expresarte? No se como borrar los comentarios, pero tampoco sé por qué querés que lo borre…