L A   D A M A  S E   E N T R E G A

Jean Pierre Rampal y Claude Boulin endulzan el pequeño living con su música. Los sábados por la noche en el comienzo del otoño suelen ser dulzones. Una garúa cómplice censura miradas ajenas sobre la ventana. Si tuviéramos que elegir por algún esotérico designio, una noche para morir, todos elegiríamos una como ésta…La lluvia suave y la temperatura cálida ayudan a moderar el alma que se mueve con lentitud, sin apremios.
Sus oscuros cabellos me llaman, me reclama el encanto sinuoso de su vestido negro y brillante. Trato de disimular esa atracción acomodando despaciosamente las piezas de ajedrez en el tablero, finjo concentración y dispongo todo como para que al comenzar el juego me toquen las blancas, pero sucumbo finalmente a sus redondeces lozanas. El ajedrez me gusta, me encanta jugarlo, pero puedo prescindir de él. Acaricio suave a la Dama negra, sin embargo el vestido brillante me desconcentra. Ella me hipnotiza, me imanta hasta convertirse en una necesidad imperiosa… Me dirijo hacia su humanidad esplendorosa sin  la tranquilidad de otras veces, hoy está más bonita que nunca. Cada vez que la veo a los ojos siento la misma inquietud, la misma espectativa del riesgo inminente, aún así tengo que tomar la iniciativa. La propuesta de tomar un Cognac no es original, pero surte efecto y la contestación no tarda en llegar.

Blancas:Peón 4 Rey.
Negras:Peón 4 Rey.

Me siento cómodo con su respuesta. No hubiera tolerado otra. Tal vez mi inseguridad no me permita aceptar lo extraño, lo que esquiva atrevidamente  las reglas. Sin embargo, su sonrisa seductora y sus movimientos cuidadosamente felinos, terminan por atraer mi atención. Una ingenua malicia se le instala en los ojos. Ahí está su arma principal, su mayor encanto. La mixtura mortal de lo angelical en un cuerpo diseñado por el demonio. La penumbra de su pequeño departamento es acogedora y favorece el lento placer de las miradas, el análisis de las formas y las posibilidades de gestos disimulados y atractivos. Mis ojos van de sus ojos a la pequeña biblioteca al lado de la ventana. Quiero saber qué puede estar leyendo, como si eso me diera una tranquilidad estratégica. Pero finalmente comprendo que no es demasiado importante. No puedo descuidar su mirada sobre la mía. El instinto comienza a moverse en las venas. Me siento a su lado.

Blancas:Caballo 3 alfil rey.

Las pupilas se le dilatan, realzando unos hermosos ojos del color de la miel. Los rasgos perfectos de su rostro son los de una diosa griega, sin embargo la actitud no es fría. Se humedece distraída e imperceptiblemente los labios, pero no se apura… Se nota que sabe dominar su tensión. Arregla descuidadamente un mechón de su pelo. Respira hondo como meditando su próxima actitud, consciente de que la ingenua simpleza atrae más que lo artificial. Afuera la garúa ha cesado y a vuelto a comenzar, indecisa  y misteriosa…Cruza delicadamente sus piernas.

Negras: Caballo 3 alfil Dama.

En el ambiente flota la atmósfera que precede al combate frontal, donde la habilidad y la sed de conquista animan a los dos bandos por igual. No hablamos, dejamos que un silencio neutro se instale entre su cuerpo y el mío. Simplemente bebemos Cognac mirando en la profundidad ámbar de las copas. Un instinto atávico espera impaciente en las entrañas suavizado imperceptiblemente por la música. Delicadamente comenzamos a generar un estudio de movimientos, no exento de sensualidades vagamente insinuadas. La mirada no debe apartarse del objetivo, mientras tanto, mi mano roza la suya.

Blancas: Alfil 4 alfil Dama.

Ella no acusa el impacto, aceptando la caricia. Sonríe, segura de sí misma…No deja de mirar alrededores vagos. No puedo evitar ciertas dudas estratégicas. ¿Mi actitud será la correcta? ¿Qué es lo que espera exactamente ella de mí?¿Le gustará mi forma de abordar la relación, o todo se arruinará en estos primeros momentos? Demasiadas preguntas y pocas respuestas, eso no es bueno en una partida de ajedrez y tampoco en una relación.  Nunca terminaré de conocerla del todo, su personalidad no se descubre en los primeros momentos de la charla, y eso la hace más atractiva, aunque posiblemente inalcanzable. Daría cualquier cosa por estar en sus pensamientos, en el cuartel general de planeamiento de su cerebro, pero allí  el acceso está restringido. Nada hay que descubra sus emociones, ninguna demostración de debilidad, aunque no podría asegurar que es fría. Con lentitud acaricia el borde de su copa de Cognac y me clava la mirada.

Negras:Alfil 5 caballo Rey.

Le pregunto alguna nimiedad, en realidad quiero probar si está nerviosa.Me contesta en el mismo tono. A veces las palabras suenan huecas, sin sentido. Pero tengo que admitir que no hay otra posibilidad. Todo esto forma parte de un ritual innecesario, muchas veces vulgar y sin encanto alguno, pero detrás de nuestras palabras son otros los intereses. Las voces de ambos empiezan a sonar  profundas, susurradas desde lo íntimo, y eso importa más que los significados reales de las palabras. Algo tiene que ver la finalización de la garúa y también que  Rampal y  Boulin ya no tocan.
Lo tenso deja paso a lo dulce. Hay danza en el diálogo, hay partitura en las palabras. Los velos de la seducción mutua se deslizan casi naturalmente. Todo reside en el dominio no manifiesto de la potencia de la naturaleza animal. Un pequeño sorbo a mi Cognac lubrica la ansiedad seca de mi garganta. Lo saboreo con ampulosidad mostrándome sin pudores, mi tranquilidad es, sin embargo, simulada.

Blancas: Caballo 3 alfil Dama.

Ella sabe, pero no cede. Siente, pero no otorga. Una irresistible sonrisa virginal quiere dominar las acciones. La bocina de un automóvil no la desconcentra. Su papel es el de un samurai a la defensiva, esperando el momento de la estocada mortal. Hay pausa en el diálogo, entonces opto por levantarme y encender nuevamente el CD.
Rampal y Boulin aprovechan para matizar con sus cadencias intercalando la dulzura en la dulzura.  Se para y se da vuelta fingiendo mirar un cuadro. Pero el tiempo se desgrana tiranizando a la tercera dimensión y su ansiedad le juega una mala pasada. Deja nerviosamente su Cognac sobre la mesita No soporta la espera, el letargo rígido de la inacción, quiere cazar. Un ínfimo brillo en los ojos la delata segura, invencible en la penumbra. Se vuelve hacia mi y sonríe ambiciosa, anhelante, descubierta.

Negras: Caballo 5 Dama (?).

Ha cometido un error. Suena increíble, pero ha cometido un error. El instinto y el intelecto me confirman su pequeña equivocación, tengo que aprovechar el momento propicio. El aire comienza a vibrar y el tiempo de los movimientos especulativos está agonizando. Invoco a los duendes embriagados y fabularios. Le hablo de mí, de mis sentimientos hacia ella, de lo mucho que esperé este momento. Usando mi femineidad voy en busca de la suya… Le muestro mis debilidades más íntimas en una insólita confesión. Me entrego casi mansamente, fingiendo un error, una posición inferior.

Blancas: Caballo por peón (?) (!).

Sus narinas se dilatan denunciando profunda respiración. La boca, estudiadamente entreabierta, parece absorber toda la energía del ambiente. Otra vez esa sonrisa maliciosa que me enloquece. Su pecho se infla por la emoción, por la  ancestral certeza de la captura de la presa. Entrecierra los ojos, se inclina hacia mi creyendo que me tiene a su merced, se apresta a burlarse de mis pobres sentimientos, a destrozar mis defensas anímicas y a enrostrarme con crueldad asesina su negativa. Se yergue soberbia, colosal.

Negras: Alfil por Dama.

Era lo que yo esperaba. Ella se prepara para la estocada al corazón y el triunfo. Ahora si puedo adivinar sus pensamientos enceguecidos por el orgullo  de saberse fatalmente ganadora. Cree haber calculado sus movimientos a la perfección y por lo tanto no ve ningún peligro, nada sospechoso ni fuera de lugar. Simplemente se sentará a esperar mi rendición para dejar en claro su superioridad femenina y mortal. En estos momentos experimenta la sensación que el tiempo le pertenece, que lo puede manejar a voluntad como un dios mitológico y cruel. Todas las apariencias la llevan a sentirse segura, demasiado segura. En el exterior la luz cortante de un relámpago blanquea la escena en la pequeña habitación. Llega mi momento, la estrategia dió resultado. Dejo mi copa… Me paro frente a ella. Me acerco.

Blancas:Alfil  por peón +(Jaque).

Parece sorprendida. Los tiempos se precipitan, se agita la respiración y se aceleran las palpitaciones felinas. No está cómoda y se le nota. Es una gacela perdida en el bosque tormentoso y agresivo. Pero el miedo no le permite huir, la paraliza. Agita más y más su repiración temblorosa. Retrocede sin mirar atrás buscando una salida, pero sabe que está acorralada, vencida totalmente. Es mía, definitivamente mía.

Negras: Rey 2 Rey.

Una lluvia de apocalíptica furia se ha desatado en la ciudad, ya no hay retorno. Los relámpagos estallan en las copas y en los aceros de los cuchillos. El final es inevitable, pasional y demoledor. El cazador ha sido cazado. La tomo de la cintura y la beso profundo y agresivo. Ella se deja besar sin oponer ninguna resistencia, sin delimitar territorios. La pasión estalla entre las bocas antes nerviosas, antes ausentes, ahora húmedas. Un torrente rojo se mezcla con un torrente negro. Ella cede ante el ardor, flexible en la derrota dulce, imprevista y temprana.

Blancas:Caballo 5 Dama +mate.

– Le juro oficial, que yo la quería como loco, aunque dicen que la locura es una enfermedad. Pero yo no estoy enfermo, estoy perfectamente bien. Es más, podría jugar una partida a muerte con cualquier jugador de categoría…Porque yo llegué a ser un jugador de categoría 2º, casi de 1º. Si hasta llegué a jugar con el ruso Goroyevsky… ¿No me podría conseguir un cigarrillo?
– Tranquilícese, trate de explicar los hechos sin hablar de ajedrez. El ajedrez aquí no tiene nada que ver.
– ¿Cómo que no tiene nada que ver? El ajedrez está relacionado con todo. Con la vida…y con la muerte…
– En fin, pero usted dijo que la quería. ¿Cómo la conoció?
– En el Club de Ajedrez, yo solía ir de vez en cuando a tomar algo con mis amigos y a despuntar el vicio de este juego mágico y visceral. Hasta que un día la ví y me enamoré al instante. Estaba recostada sobre la barra y me miraba con esos ojos color miel. Cuando me acerqué supe que buscaba un profesor para aprender a jugar y me ofrecí. Lo demás fue tan previsible… Pero yo a ella la quería…, qué digo la quería, la amaba. Nunca me había pasado que una mujer vital, joven y  endiabladamente bella me llevara el apunte. Jugábamos casi todos los días y luego hacíamos el amor como dos adolescentes sin importar el resultado. Ella había aprendido bastante bien aunque todavía le faltaba un poco de malicia. Pero siempre hubo un respeto entre nosotros. Por eso me hizo muy mal verla así, toda ensangrentada, ella que siempre estaba impecable con ese vestido negro brillante… Ella podría haber evitado toda esta masacre y podría estar ahora a mi lado.
– ¿Y ella cómo  podría haber evitado la masacre?
– No tomando mi Dama, es increíble que no conociera esa celada tan simple. Me comió la Dama, ella sabía que a mi no me gusta que me coman la Dama… ¿Qué le voy a hacer?..La tuve que matar”.

F I N

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