LA LÁGRIMA DE LA MEMORIA

Después de las grandes batallas nacen las reflexiones que pintan de tristeza las almas de los combatientes. El cielo púrpura sostenía con dificultad a un sol sangrante…
Todavía el humo no se había disipado, el hedor de azufre y pólvora se entremezclaba entre las lanzas, los escudos y los restos de negras armaduras quemadas.
Auridam, el héroe de los dragones de la antigüedad  contemplaba  su pasado reflejado en la última gota del Gran Diluvio Universal que se balanceaba  en el extremo retorcido de una rama del Arrayán gigante.
El dragón de jade permanecía recostado sobre una roca que le servía para aplacar el dolor de sus heridas y respiraba con dificultad tratando de alargar su agonía recordando las gloriosas épocas donde los elfos y los dragones luchaban juntos contra las hordas asesinas de los orkos. En cada inspiración los recuerdos se agrupaban en su frente como las gotas de transpiración. En cada lenta exhalación los mismos recuerdos buscaban el viento suave del atardecer como queriendo volver a una patria lejana.
Las guerras entre los dioses habían terminado,  las  épocas de las grandes  lluvias habían  cesado y de eso sólo quedaba la última gota después de la gran lluvia en la que se podían ver los hechos más importantes de la historia de los dragones… Monstruosas batallas, luchas fraticidas y traiciones perdonadas desfilaban en una gigantezca  caravana de imágenes dentro de esa minúscula gota. Esa ínfima expresión del agua diluviana era el archivo mágico de un pasado imborrable pero frágil. Toda esa información estaba a punto de perderse, en pocos segundos  la gota se desplomaría sobre los restos humeantes  de un orko.
Auridam pensó en los niños humanos que vendrían después de él y temió por el destino de la gota.
Entonces el dragón de jade, el último héroe draconiano tomó la gota entre sus garras y se la colocó en su ojo derecho. Desde entonces se la conoció como la lágrima de la memoria. Una lágrima que jamás deberá ser derramada…

F i n

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