SILENCIO

Muchos dicen que no lo conocen, que nunca lo han visto, pero yo se que no es así… A esos los he visto varias veces en su compañía, pero les da vergüenza admitirlo. Cuando él se nos presenta no hay forma de evadirlo. Yo ni sé calcular cuantos años tiene, pero se que son muchos. Creo haberlo conocido en los albores de mi pubertad, cuando existia lo obligación de ser muy hombre…
Aquél día caminaba por la calle ruidosa e insolente, la tarde se superpoblaba de bocinazos sin ton ni son…Cuando entré al bar me dí cuenta que estaba vacío, sin un solo parroquiano. Hasta el viejo Cosme había abandonado su lugar en la barra. Sòlo el silencio permanecía allí, tal vez con la esperanza de encontrarse con alguien con quien dejar de ser lo que era. Lo saludé con un leve movimiento de cabeza y me senté a su lado, pero él siguió siendo él mismo.
El silencio bebía una copa vacía olvidada por algún aprendiz de suicida,uno de los tantos que frecuentaban el bar. Estuve bebiendo con él el resto de un whisky que se resistía a desaparecer desde el fondo de un vaso silencioso. Lo miré de frente con la esperanza de verlo fracasar, deseando que su impaciencia fuera superior a al mía, pero todo fue inútil… Pasamos varios minutos sin decirnos nada, simplemente permaneciendo callados en aquél bar sombrío. El era fuerte y seguro de sí mismo y yo me fui acostumbrando a su presencia como los viejos matrimonios que se toleran sin conflictos después de toda una vida juntos. Por un momento pensé que se iba a confesar derrotado, pero después comprobé que su fortaleza surgía de una energía ancestral, que no podía renunciar a lo que era.
El silencio y yo nos hicimos uno y desde ese día nos encontramos siempre en el mismo bar… ya no bebo más solo.

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