NO

Se despertó con esfuerzo de un sueño pesado, indescifrable y caprichoso, aunque no tan difícil de comprender como el mundo que lo esperaba. Enfrentado al espejo comprobó que el malhumor le había crecido con la barba y la resaca del día anterior. Encendió mecánicamente la radio para comprobar rutinarias realidades: “Continúa la guerra en…”; “La Corte Suprema absolvió a…”; “El déficit fiscal sería mayor que en el mes de…”; “Otro niño murió de…” A veces el mundo dolía en las vísceras, en los huesos y en el aliento minúsculo que sostenía penosamente los signos vitales.
Como todos los días se sentó frente al tablero de dibujo y sintió ese espantoso vértigo mirando a la hoja en blanco que lo convertiría en un paracaidista suicida de la gráfica. Obligó a su mano a bocetar sin ganas una cara cualquiera que pronto le devolvió como un espejo una expresión avinagrada y hostil. Sintió inmediata repulsión por ese rostro desafiante que sin pronunciar palabra mostraba una enceguecida oposición, un sórdido mutismo de desaprobación. Era, al mismo tiempo, una desagradable copia de si mismo congelada en un papel. A veces odiamos a lo que se nos parece. Buscó inconscientemente la goma de borrar, pero sin suerte. El desorden habitual le ocultaba las cosas más necesarias en los momentos más preciados. Con seguridad después aparecerían cuando nadie las necesitaba en algún lugar revisado hasta la desesperación.
Detrás de un frasco de trementina descubrió una gran goma de borrar que nunca había visto, tal vez era una inservible oferta de supermercado que su madre se había empecinado en adquirir. No existiendo nada mejor empezó a borrar ese rostro indeseable que insistía en mirarlo desde el papel. Notó con sorpresa que la goma había borrado totalmente el dibujo sin dejar un solo rastro de lápiz y sin la pelusa habitual que dejan las gomas. Por primera vez en el día se sintió satisfecho, había terminado con la imperfección. Enseguida tomó una vieja caricatura hecha en tinta, la observó llena de defectos corregibles y le pasó la goma de borrar. El resultado fue asombroso, no quedó un solo trazo de tinta, la hoja parecía nueva, inmaculada y pura como un amor infantil. Es muy raro que una goma de lápiz sirva para borrar tinta…¿De qué material sería esa goma perfecta y mágica? Revisando los papeles encontró más dibujos imperfectos y los borró uno por uno. Nada quedó de aquellos vanos intentos artísticos que lo avergonzaban, pero empezó a sentir ese secreto y sofisticado sabor de poder eliminar lo que no nos gusta.
Sobre el escritorio descansaba la arrugada boleta de la luz que amenazaba con multas impiadosas sobre los acostumbrados incumplimientos. Lleno de furia tomó la boleta y borró los números, los sellos y la amenaza de la compañía de luz. Al borrar la boleta derramó el café de ayer sobre el tablero y eso lo enfureció aún más. Borró la mancha de café y borró la taza, la cuchara y el azúcar. Al borrar el azúcar borró sin querer un pedazo del sacapuntas que estaba al lado y tuvo que terminar de borrarlo. Se dio cuenta entonces que la goma podía borrar todo lo que existía. Se acercó a la ventana y comenzó a borrar aquellas espantosas cortinas que le había regalado su ex-suegra. Borró las cortinas y una mancha en la pared, y el cuadro que había al lado de la mancha, que también lo había torturado con su descarada imperfección.
La radio seguía escupiendo horrorosas noticias de un planeta en descomposición. Sin pensarlo borró con entusiasmo el aparato de radio, el cable y el enchufe. Siguió con la ridícula mesita de luz que le recordaba su pobreza. Todos los muebles fueron borrados uno por uno, sin miramientos ni sensación de culpa. Reparó entonces en el estante que hacía de biblioteca lleno de libros de arte, de cultura y filosofía, no siempre leídos. Borró a Hegel y Leonardo, a Borges y al Museo del Prado, borró a Miguel Hernández y a Dalí, a la toda Edad Media y a Frida Kahlo… Los borró con ardor, con enojosa insistencia , con implacable desconsideración, con respiración agitada y profunda. Borró también las manchas de óleo del piso que hablaban de antiguas vanidades de artista fracasado. Borró las espantosas noticias del diario de ayer y borró el diario con las opiniones de los políticos de siempre.
Miró hacia el planisferio colgado en la pared, allí estaba el esquema del mundo incomprensible que tanto aborrecía. Un mundo absurdo colgaba de la pared húmeda sin ninguna expresión de vida. Un pedazo de hule que no mostraba la injusticia ni la guerra, ni tampoco el hambre ni la corrupción, un esquema frío que aspiraba a representar sin sentimientos, al lugar donde vivimos lo que le pareció patético y sin sentido Se lanzó como un poseído sobre el planisferio para borrarlo en una vorágine de placentera violencia. Borró el mapa con gancho incluido y borró la perilla de la luz. Vio por la ventana que había desaparecido la calle, la placita detrás de la calle y el bar que quedaba del otro lado de la placita. Nada existía fuera de su habitación. Todo había desaparecido probablemente al borrar el mundo colgado de la pared. Todo lo material había desaparecido y había dado lugar a una nada gris, espantosamente neutra. No más guerras, no más conflictos ni discusiones, ni corrupción, ni cuestionamientos, ni incomprensión. El universo sin el mundo era un recuerdo impersonal sin ningún sentido.
Entonces empezó a sentir a su habitación como una cárcel inútil que lo aislaba de la nada. Borró la mesa de dibujo, la silla, el piso, las paredes, la puerta y el techo. Ahora la nada lo rodeaba, lo rozaba con su nadidad agresiva e interminable. No había mundo, no había universo, ni luz ni oscuridad. No había arriba ni abajo, ni lejos ni cerca. Sólo él y la nada, sin temperaturas ni lágrimas ni opresiones. No pudo contener el horror de la culpa y decidió terminar con su vida. Empezó a borrarse con la misma furia con la que había terminado con el mundo, pero no pudo completar su suicidio. La mano que tenía la goma de borrar no pudo borrarse a sí misma y la tan ansiada eternidad se convirtió en una desmedida condena. Entonces, probablemente tarde ya, la mano hizo lo que debería haber hecho tempranamente: soltó la goma de borrar.

FIN

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